Eva y la Identidad de las Mujeres (I)

Eva y la Identidad de las Mujeres (I)


Eva y la Identidad de las Mujeres

En tiempos recientes, ha habido mucha controversia para repensar las relaciones entre hombres y mujeres. Es innegable que cada cultura se desarrolla dentro de cierta ideología que le es propia, siendo todo aquello que asumimos como verdadero y no cuestionamos. A diferencia del dogma, no sabemos que seguimos esa línea de pensamiento, y está tan metido en nuestra psique, que no estamos conscientes que todo podría ser diferente. Aquí, el Arte ha tenido siempre un papel muy importante para moldear la ideología, y en el caso de la llamada “ideología de género”, se transmiten los conceptos fundamentales sobre el orden social que han de seguirse a través de la representación de la sexualidad femenina y la masculina. Por tanto, las obras artísticas y sus temas se convierten en un modelo a seguir para las relaciones entre hombres y mujeres.

Las representaciones de ambos sexos nos dan la guía para hacernos una imagen de nosotros mismos y adoptar ciertos comportamientos y actitudes. Recordemos que por miles de años el 95% de las imágenes artísticas han sido hechas por hombres, y están tan incrustadas en nuestra cultura occidental, que nos son muy “naturales”. Sin embargo, una vez que estamos conscientes que sólo son construcciones sociales, es menester preguntarnos cómo es que fueron construidas y por qué.

Todas las relaciones sociales que se forman entre uno y otro género en occidente tienen su origen en el relato bíblico del Génesis. Son más de 2,500 años que la historia de Adán y Eva configura nuestra percepción sobre el sexo y por ende, también ha compuesto la manera en que se representa en el arte. Debido a esto, es necesario hacer un análisis objetivo de los primeros capítulos del génesis para poder hablar sobre las imágenes de las relaciones entre mujeres y hombres.

Todas las historias y leyendas de creación nos cuentan cómo surgió el mundo y la humanidad. Estas narraciones dicen muchísimo sobre la ideología de cada cultura, y el Génesis es este tipo de relato, pues nos dice cómo se relacionan los hebreos con el mundo y con lo que los rodea, sean seres animados o inanimados.

Y Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó. Varón y hembra los creó, y los bendijo con estas palabras: «Sean fructíferos y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar y a las aves del cielo, y a todos los reptiles que se arrastran por el suelo».

Génesis 1:27-28

El libro del Génesis en los primeros tres capítulos establece el mensaje de acuerdo con la concepción judeocristiana del mito de creación y el origen de la humanidad. Se dice que Dios crea al hombre en primer lugar haciéndolo igual en apariencia. Además le instruye que se reproduzca sin límite, domine el mundo y someta a todos lo demás seres vivos. Este poder se transmite generaciones tras generación. Es aquí donde vemos la preeminencia asignada a los hombres: si el hombre es idéntico a Dios, es la pieza más importante de la creación y por eso es el centro del universo. Todo lo demás está subordinado a él y las mujeres están en ese rubro. Otro punto importante, Adán recibe su nombre directamente de Dios, pero Eva y el resto de seres lo reciben de Adán. Más adelante se cuenta cómo Eva fue tentada y “sucumbe a la tentación” siendo desobediente. Por las acciones de uno, ambos reciben castigo con la expulsión del Jardín del Edén.

No importa que consideremos este relato como un popular cuento inocente o un tratado misógino y malicioso, lo cierto es que durante más de dos mil años los valores morales, sociales y religiosos de la civilización occidental se han perpetuado gracias a la historia de Adán y Eva. Este documento presenta “verdades” válidas en su totalidad comandadas por Dios con respecto a infinidad de temas, pero en particular con respecto a las mujeres.

En lo que va de la historia del Cristianismo en cualquiera de sus modalidades, lo que le sucede a Eva le da a los hombres la causa por la que hay que limitar y coartar las libertades sexuales, sociales, políticas y económicas de las mujeres. Asimismo, proporciona la justificación para responsabilizarlas de todas las desgracias sufridas por la humanidad.

La verdad es que todas las mujeres nacen siendo Eva y la única manera en que pueden alcanzar redención alguna es convirtiéndose en la Virgen María, que es la personificación de la castidad, obediencia, entrega y pureza absolutas. Otra fantasía patriarcal. Por eso es importante revisar y analizar la historia del Eva, pues sus interpretaciones, generalmente misóginas, por siglos han definido el modelo al que encajonan a miles de millones de mujeres en occidente.

Christopher L.C.E. Witcombe, 2000


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